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Mapeco es una de las figuras artísticas más apreciadas en Uruapan

Mapeco: Un puente entre culturas y clases sociales

Manuel Pérez Coronado, mejor conocido como Mapeco, trascendió las fronteras del tiempo a través de su arte. Su vida breve pero intensa, dejó una huella en la historia cultural de Uruapan y Michoacán. A través de sus obras, Mapeco no solo plasmó imágenes e ideas, sino también conexiones profundas entre personas de diferentes estratos sociales y culturas.

Mapeco fundó talleres e impulsó el arte local de Uruapan

En sus talleres y exposiciones, Mapeco atendió y retrató campesinos, obreros, estudiantes, académicos y líderes políticos. Todos compartían un espacio común. Su estilo desafiante y auténtico resonaba en cada trazo, creando un lenguaje que trascendía las divisiones sociales y culturales. Este pintor, se convirtió en un símbolo de unidad, recordándonos que el arte puede ser un puente que conecta corazones y mentes.

Su hogar, el Uruapan del siglo XX

Nacido el 24 de junio de 1929 en Uruapan, Michoacán un lugar lleno de lugares únicos, por lo que creció en un entorno lleno de naturaleza y cultura. Desde temprana edad, mostró un interés innato por el arte, inspirado por los paisajes montañosos, las tradiciones purépechas y la riqueza histórica de su tierra natal. Su infancia transcurrió entre los colores vibrantes de los mercados locales y las leyendas que se contaban alrededor del fuego. Fue en esos momentos donde germinó su pasión por plasmar la esencia de su pueblo a través de sus pinceles y lienzos.

La influencia de Mapeco en otros artistas

Mapeco fue gran amigo de Efraín Vargas

Manuel Pérez Coronado tuvo el privilegio de estudiar en la prestigiosa Academia de San Carlos en la Ciudad de México desde los 18 años hasta los 20 años de edad. Su maestro y mentor fue nada menos que el muralista michoacano Alfredo Zalce. Esta relación maestro-alumno dejó una huella profunda en la vida y obra de Mapeco.

Zalce, figura líder del arte moderno mexicano, compartió con Mapeco su pasión por la autenticidad y la conexión con lo humano. Su colaboración e influencia mutua se reflejaron en las obras que cada uno creo. En el Palacio de Gobierno de Michoacán, Zalce plasmó diferentes aspectos de la vida de los indígenas michoacanos, capturando la dignidad y la lucha de estas comunidades, temáticas que siempre abordó Mapeco durante su producción artística.

Alfredo Zalce fue uno de los grandes maestros de Mapeco

Otro de sus grandes compañeros, fue Efraín Vargas, otro pintor y grabador de la región, con quien Manuel Pérez Coronado compartió una relación estrecha. Ambos artistas se unieron por su pasión compartida por el arte y su compromiso social. Juntos, exploraron temas populares y plasmaron la vida cotidiana y las luchas de las comunidades indígenas. Aunque sus trazos eran rebeldes y sus estilos divergentes, su amistad dejó una huella perdurable en la historia del arte michoacano.

Arte del pueblo, arte para el pueblo

Mapeco, abrazó una visión única del arte, que fuera del pueblo y para el pueblo. Sus obras no eran simples trazos sobre lienzos o muros; eran ventanas abiertas hacia las almas de aquellos que a menudo quedaban en las sombras. En cada personaje, en cada paisaje, Mapeco insuflaba dignidad y verticalidad, como si quisiera elevar la voz de los de abajo.

Mapeco abordó temas sociales en su obra

Su arte no se limitaba con abordar el dolor. Inspiraba con la fuerza vital que brotaba de las entrañas populares. Mapeco entendía que el verdadero poder del arte radicaba en su capacidad para conectar, para unir a las personas en una experiencia compartida. Así, sus trazos se convertían en un puente entre culturas y clases sociales, recordándonos que todos somos parte de una misma humanidad.

El legado educativo de Mapeco

Mapeco también dejó una huella imborrable en la educación artística de Michoacán. A lo largo de su vida, fundó instituciones que inspiraron a generaciones de artistas locales como el Taller Escuela de Gráfica y Pintura José Guadalupe Posada”. Este taller inició en 1953 y se convirtió en un refugio para aquellos que buscaban desarrollar su creatividad y habilidades artísticas. Los estudiantes exploraban técnicas desde la pintura hasta la cerámica, guiados por la pasión y experiencia de Mapeco.

Gracias a Mapeco se fundaron varias escuelas que continuaron con su legado

Aunque el taller José Guadalupe Posada finalizó poco antes de terminar 1969, el taller de grabado y pintura Mapeco continúo su legado tras la muerte del pintor en 1970, este taller siguió activo hasta mediados de 1980, cuando dejó de funcionar. Al día de hoy, el legado educativo de Mapeco sigue vigente en diferentes talleres que han surgido en la ciudad.

El ensayista de los pinceles

Manuel Pérez Coronado también realizó varios ensayos sobre arte y creación artística

Mapeco, mezclaba colores y también palabras en sus ensayos. “El arte no es tan solo un juego, sino algo tan serio como la cirugía y la energía nuclear, y tan indispensable en la vida del hombre y de los pueblos, como el pan y el sol”. Esta frase, extraída de su ensayo “Sobre la Pureza del Arte”, revela su compromiso con una visión comunicativa del arte, arraigada en la realidad y en la necesidad humana.

Pérez Coronado buscaba un arte que trascendiera etiquetas. En su ensayo “Sobre lo Abstracto y lo Concreto”, exploró la dicotomía entre la abstracción y la representación, defendiendo un enfoque que abrazara ambas tendencias. Para él, el arte debía ser un puente entre lo material y lo ideal, sin perder su esencia comunicativa.

Mapeco buscaba dominaba varias teorías artístias y del color.

Buscaba comprender la naturaleza del ser estético y social. “El arte por el arte y la ciencia por la ciencia es una estafa política y humana”, afirmaba en su ensayo “Plástica Pura en el Desastre Puro”. Mapeco creía en un arte al servicio del bien común, capaz de transformar la sociedad y trascender las barreras del lienzo.

Entre pinceles y prejuicios

Manuel Pérez Coronado no solo enfrentaba a los desafíos de los lienzos y los pinceles, sino también los prejuicios de su época. Su espíritu rebelde y su compromiso con el arte lo llevaron por un camino espinoso, donde las críticas y el rechazo se entrelazaban con sus trazos.

Por un lado, la clase conservadora lo veía con sospecha. Lo tildaban de comunista tímido, un hombre cuyas pinturas y ensayos desafiaban las normas establecidas. Mapeco no se conformaba con retratar solo la belleza superficial; buscaba la esencia de la gente, sus luchas y sus sueños. Esa audacia no era bien recibida por quienes preferían la comodidad de lo tradicional. Por otro lado, la izquierda local también lo criticaba. ¿Cómo podía Mapeco pintar a los adinerados, a los burgueses?

Al principio, Mapeco resultó incómodo para varios estratos sociales

Pero Mapeco no se dejaba encasillar. Además en su taller, Mapeco abría las puertas a todos. Los jóvenes aprendices, sin importar su origen, encontraban en él un mentor apasionado. No importaba si venían de familias acaudaladas o de los barrios más humildes. Para Mapeco, el arte no tenía fronteras ni clases sociales. Era un lenguaje universal que trascendía los prejuicios.

La trágica partida de Mapeco

El 30 de diciembre de 1970, la vida de Manuel Pérez Coronado, conocido como Mapeco, se vio abruptamente interrumpida en un trágico accidente carretero en las carreteras de Guanbajuato. El funeral de Mapeco fue un evento que trascendió las divisiones sociales. Desde los más humildes hasta los intelectuales y poderosos, todos se unieron para rendir homenaje a este gran artista.

La muerte de Mapeco fue una tragedia en toda la comunidad

Campesinos, obreros, estudiantes, académicos y líderes políticos compartieron el dolor de su partida. Las lágrimas y los aplausos se mezclaron en un acto de reconocimiento a su pasión y autenticidad.

En el lienzo de la historia uruapense, Manuel Pérez Coronado continúa pintando su legado. Sus trazos, como sus ideales, resisten el paso del tiempo. En Uruapan, su espíritu nos invita a mirar más allá de los colores y las formas, a descubrir la esencia de un artista que amó con pasión y luchó con valentía. Mapeco, el pintor de sueños y realidades, nos enseña que el arte no es solo un adorno, sino una herramienta para cambiar el mundo.

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