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El cablebus uruapense, casi una realidad.

Aun pese a las críticas, el Cablebus parece ser una realidad imparable para Uruapan. El gobernador del estado, Alfredo Ramírez Bedolla, reafirmó con firmeza su compromiso durante el informe del alcalde uruapense, Ignacio Campos. Este anuncio no puede subestimarse, ya que de concretarse, estaríamos ante lo que podría ser la obra pública de movilidad más ambiciosa en casi tres décadas dentro de la Perla del Cupatitzio.

El proyecto, que cuenta con un respaldo prácticamente oficial, tiene como objetivo principal establecer conexiones vitales entre las zonas céntricas y las periferias, con el propósito claro de disminuir el creciente flujo vehicular que asfixia la ciudad. La visión es que el proyecto abarque entre seis y ocho estaciones estratégicamente distribuidas en colonias clave, tales como 28 de octubre, Rubén Jaramillo, Morelos, Lindavista, Ramón Farías, La Magdalena, El Colorín, Obrero Popular, por mencionar solo algunas.

Como era de esperar, las voces y opiniones no tardaron en hacerse escuchar. Los sectores más directamente afectados, como los choferes y sindicatos del transporte público, han alzado sus voces, manifestando su inquietud y señalando los posibles inconvenientes económicos que podría acarrear la construcción de una estructura de semejante envergadura en las calles de Uruapan.

En contraste, las autoridades, tanto a nivel municipal como estatal, han mantenido su posición con determinación, sosteniendo que los impactos ambientales, sociales, turísticos y económicos que podría desencadenar la construcción del cablebus están bien fundamentados. Las autoridades argumentan que estos impactos podrían reflejarse de forma directa e indirecta, proporcionando un impulso considerable a sectores de la ciudad.

A medida que avanza el tiempo, se está materializando cada vez más la construcción del proyecto polémico desde sus inicios. Aunque ha sido objeto de una amplia variedad de opiniones y ha generado desacuerdo, si hay algo en lo que todos parecen encontrar coincidir, es en la fuente de su origen; la necesidad de buscar una solución al mar de vehículos que asola la ciudad durante las horas pico, generando caos en la movilidad de Uruapan.

Al final, el Cablebus está en camino de transformarse en un emblema de la ciudad. A pesar de las controversias y preocupaciones iniciales, el proyecto se está consolidando como una respuesta ambiciosa y visionaria a los desafíos de movilidad que enfrenta Uruapan. Si se concreta, esta obra no solo podría aliviar el tráfico congestionado, sino también remodelar la forma en que los uruapenses experimentan su ciudad y al mismo tiempo, abrir nuevas oportunidades para la economía local, el turismo y el bienestar en general.

Omar Valencia

Analista, redactor y escritor a tiempo parcial, apasionado de la tecnología

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