Las negociaciones dentro del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en Michoacán, siguen en pie. Luego de otro convulso periodo al interior del estado de Ocampo, las huestes nacionales volvieron a convocar a las principales figuras morenistas del estado a ocupar la candidatura del 2027 a las oficinas centrales en Ciudad de México.
La reunión, encabezada por Ariadna Montiel, Citlalli Hernández y Carolina Rangel, reunió a Fabiola Alanís Sámano, Gladyz Butanda Macías, Carlos Torres Piña, Celeste Ascencio, Gaby Molina, Myriam Martínez y Raúl Morón Orozco, buscando afinar detalles de cara la selección de quién sería nombrado como coordinador de Morena en el estado y por ende, candidato del partido en el poder a ocupar la silla de gobernatura.

No obstante, tras concluir esa reunión otra más llamó la atención, ahí no participaron todos los aspirantes, la dirigencia nacional solo convocó a Alfredo Ramírez Bedolla, Leonel Godoy Rangel y Raúl Morón Orozco, piezas clave en el proceso electoral y pesos pesados en estructura partidista, influencia en el partido y capacidad de maniobra en la entidad.
Públicamente, el comunicado difundido en los canales oficiales habló de unidad, organización y bienestar, pero no se mencionó algún acuerdo concreto que pudiese prever más cohesión en dos facciones que hasta ahora, parecen enfrentadas y sin una posibilidad, por lo menos hasta ahora, de reconciliación próxima.
Dos reuniones, dos polos en Morena.
No es un secreto que aunque existen más corrientes, actualmente Morena Michoacán se encuentra dominado por dos grandes facciones, la bedollista y la moronista. Por un lado, Alfredo Ramírez Bedolla, con el gobierno estatal, conforma casi toda la estructura administrativa, legisladores, funcionarios y aspirantes que han particiado en el gobierno de la entidad.

Por el otro están Raúl Morón y Leonel Godoy, quienes pueden presumir una organización política construida durante décadas en la izquierda michoacana, presencia territorial, vínculos legislativos federales y una capacidad para movilizar cuadros que afecten directamente la gobernabilidad en el estado.
Principalmente, la presencia de Leonel Godoy destaca, ya que aunque no forma parte de los aspirantes, sí se encontró en la reunión reservada. Esto implica que la dirigencia lo considera clave para garantizar (o dificultar) que el grupo de Morón acepte negociaciones en todos los ámbitos.
La importancia de esta segunda reunión nos deja ver claramente que aunque a los aspirantes se les explican las reglas y pautas de la elección, son los jefes políticos quienes al final pueden garantizar la gobernabilidad del proceso electoral michoacano.
Michoacán, un foco rojo electoral para Morena Nacional.
Si bien es cierto que Morena continúa siendo una de las principales fuerzas políticas en Michoacán, no se debe dejar de lado el contexto actual de la entidad, luego del cisma que significó el magnicidió del ex alcalde Carlos Manzo, el desgaste del partido en el poder fue evidente, incluso logrando restar varios puntos positivos a la administración federal, generando un impacto que salpicó a todos los aspirantes del movimiento y formalizando al Movimiento del Sombrero como el rival a vencer en el periodo electoral que se avecina.

Este contexto, aunado al conflicto morenista en el estado, provocaron que la dirigencia interviniera en más de una ocasión para intentar resolver dicha problemática y aunque las reuniones han tenido poco éxito, algo es claro; para la dirigencia nacional el choque de los dos bloques morenistas michoacanos es algo que ha trascendido la entidad y ahora es visto como algo que simplemente no se puede resolver de forma local, sino que es necesaria una intervención y supervisión desde las cúpulas del partido.
La dirigencia nacional bien sabe que en la entidad, no se tiene garantizada la elección. Una fractura podría hacer que el electorado, los operadores y los liderazgos municipales, se trasladen hacia un proyecto independiente u otros partidos como el PT, Movimiento Ciudadano o simplemente exista poca afluencia de votantes.
Al final, la reunión de dos bloques distintos tan determinantes para el partido en Michoacán, significa que la reunión significa que la sucesión de Michoacán ya se nacionalizó. Ariadna Montiel y Citlalli Hernández están interviniendo porque ni Alfredo Ramírez Bedolla puede imponer a su sucesor ni Morón puede ganar únicamente invocando la deuda política de 2021.
Más que una señal de reconciliación, el encuentro parece confirmar una tregua vigilada entre grupos que todavía compiten por el control político de Morena en Michoacán. La dirigencia nacional busca evitar que la disputa termine por debilitar al partido. El verdadero alcance de estas reuniones se conocerá cuando llegue el momento de definir la candidatura, repartir posiciones y aceptar los resultados. Hasta entonces, la unidad seguirá siendo más una exigencia de la dirigencia nacional que una realidad entre las principales fuerzas morenistas del estado.
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