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Editorial: Michoacán, un bastión en la historia política de México

El estado de Michoacán ha sido una pieza clave cuando se habla de la historia política de México. Es en este territorio donde se han dado momentos que han marcado el rumbo que el país ha seguido en más de una ocasión. Ha visto nacer movimientos como la Independencia de México, ha influido en el desarrollo de otros, como la Guerra de Reforma e, incluso, es uno de los lugares donde se trazó la ruta partidista que habría de dibujar nuestro país durante todo el siglo XX.

Esta concentración de formas de pensamiento que terminan por cimbrar gran parte del país no es coincidencia; Michoacán ha sido una tierra de contrastes que impulsan el florecimiento de propuestas políticas que muchas veces son opuestas. Por un lado, podemos ver una gran riqueza, pero una pésima distribución que se ha fortalecido a través de los siglos, lo que ha provocado a su vez que gran parte del territorio se vea sumido en condiciones de pobreza o en una desigualdad deslumbrante.

Esta gran desproporción entre lo que se percibe, lo que se obtiene y lo que se desea ha sido un caldo de cultivo para que propuestas moderadas y radicales, de todas las corrientes políticas, florezcan en varios de los centros universitarios y educativos más importantes de la entidad. Es así como podemos explicar que figuras como José María Morelos y Agustín de Iturbide caminaran por las calles de Morelia previo a la Independencia, o que nombres clave pero tan opuestos durante la Reforma, como Melchor Ocampo o Lindoro Cajiga, nacieran en Michoacán.

Además, la entidad ha sido determinante para entender la organización política que sigue permeando a nuestro país hasta el día de hoy. Fue en Michoacán donde Lázaro Cárdenas comenzó a trazar la idea de un mando ejecutivo guiado por un partido que aglutinara la estructura obrera, política, militar y agraria; aquí nació el experimento que daría paso al modelo nacional de partido de Estado bajo el cual el PRI gobernó México durante más de 70 años.

Por eso no es de extrañar que Michoacán y, particularmente, Uruapan, con la importancia que ha tenido en las últimas décadas, sean cuna de uno de los movimientos políticos que podrían marcar un punto de inflexión en un modelo de gobierno que parece arrasar con las preferencias del electorado en gran parte de México.

El movimiento del sombrero, fundado por el difunto exalcalde de Uruapan, Carlos Manzo, parece tomar rumbo para consolidarse como una corriente política regional o incluso nacional, capaz de sumar o restar puntos clave en una balanza electoral que, hasta el día de hoy, carece de una oposición real o cuenta solo con una ya muy desacreditada.

Sin embargo, esto solo se podrá lograr con la construcción de un plan institucional que garantice directrices, trace caminos y siga propósitos claros. Además, debe comunicar sus acciones con una línea ideológica o política que permita una expansión del movimiento y ofrezca transparencia al ciudadano inconforme.

Solo así fue posible que gran parte de los movimientos y corrientes de pensamiento que surgieron en Michoacán y lograron transformar al país, alcanzaran sus propósitos. Los años nos dirán si fiel a la tierra que lo vio nacer, el Movimiento del Sombrero, logra superar este reto y florece en todo el país, se extiende solo a Michoacán o se enraíza en las calles de Uruapan.

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