El 2025 será un año que quedará marcado en la historia de Michoacán como un año atípico. En medio de conflictos políticos y migratorios, la entidad líder en agroindustria recordará este periodo como una fecha en la que varios municipios decidieron no celebrar el tradicional Grito de Independencia ni el desfile del 16 de septiembre.
Este acontecimiento, insólito en la región, no se había presentado ni siquiera durante las amenazas de 2008, cuando se registró lo que es considerado el primer acto terrorista contra la población, conocido popularmente como “los granadazos de Morelia”.
Hasta el momento, son cuatro los municipios que han decidido cancelar los festejos patrios: Uruapan, Zinapécuaro, Peribán y Tocumbo, varios de ellos pertenecientes a la zona agrícola más productiva del estado y pilares fundamentales para la exportación de productos como aguacate y frutos rojos. Entre estos municipios, destaca Uruapan, considerado el más productivo en términos de actividad económica.
La llamada “Perla del Cupatitzio” se ha visto envuelta en un halo de crímenes que han azotado a la región desde hace varios años. Sin embargo, durante el último lustro, la situación se agravó a tal grado que el municipio sigue considerándose uno de los que posee una peor percepción de seguridad en todo el país. Esta situación ha sido reconocida por autoridades estatales y municipales, quienes, pese a redoblar esfuerzos por “blindar” la región, se han visto rebasados en varios aspectos.
Estas circunstancias han llevado a la activación, en más de una ocasión al mes, del llamado código rojo en la ciudad, anuncio que ha provocado inquietud en la ciudadanía, pero que se da principalmente para prevenir situaciones que pongan en riesgo la vida de los habitantes.
Ante dicha problemática, el actual edil, Carlos Manzo, ha hecho un llamado reiterado a la federación, solicitando apoyo para el combate al crimen. El alcalde asegura que la lucha contra los grupos delictivos es una responsabilidad de la federación, debido a que los criminales que han asolado la región poseen fusiles de grueso calibre y armamento de uso exclusivo del ejército, por lo que los cuerpos de seguridad municipales y estatales se ven rebasados.
La situación ha generado una polémica que se ha extendido a nivel nacional y le ha dado visibilidad al alcalde; sin embargo, ha sido también la antesala de un conflicto velado con la federación, que parece no prestar atención a las declaraciones del edil uruapense. Sea como sea, la ciudad sigue cimbrada entre crímenes y violencia, que mantienen a la población al margen y con un nivel de vida que ningún ciudadano mexicano debería sufrir. Hoy, la población de Uruapan no tiene otra alternativa más que esperar que las autoridades resuelvan sus diferencias y logren pacificar una región que lleva más de dos décadas sumida en la desesperación.
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