En la política vive la trampa de las etiquetas. La izquierda y la derecha, se condenan mutuamente y aunque también es verdad que muchas decisiones parten de la batalla de las ideas; cuando se sustituye o se intenta sustituir el pensamiento con fe ciega en los partidos o movimientos, la justicia se fragmenta y pierde su sentido.
Hoy, Uruapan vive el primer gran reto de la administración mexicana federal: el caso Carlos Manzo. A más de dos meses de la muerte del alcalde, la ciudad sigue en el ojo nacional y pese a que avanzan las investigaciones, siguen pendientes muchas preguntas.
Es este escenario convulso es cuando se debe evitar la especulación en todos los sentidos y en todas direcciones, porque la justicia está, o debería estar, más allá de la izquierda o la derecha. ¿Por qué? Porqué un país polarizado discute más y confía menos, y este vacío se llena con manipulación o especulación.
En estos momentos, ante su convulsa política exterior, el vecino del norte busca acreditarse, posicionarse o influir desde su política exterior, la respuesta responsable de México debe ser la solidez; demostrar que las instituciones funcionan, que hay decisiones claras sin crear simulaciones, investigaciones serias y una comunicación pública que informe sin provocar rumores.
Se debe evitar que este caso sea aprovechado como pretexto de presión o como espectáculo político, ya sea por la autoridad en turno o incluso por un ente externo que saque provecho de las circunstancias. La respuesta que conviene al país (y a Michoacán) es una demostración de justicia. En ese sentido y bajo la situación actual, el verdadero dilema no es si el país se inclina “hacia un lado” u “hacia el otro”, sino si sus instituciones y su clase política son capaces de sostener una línea clara: verdad por encima de propaganda, justicia por encima de conveniencia, congruencia por encima de pose y paz en lugar de simulaciones.
Por ahora, lo que queda es observar con atención y exigir con firmeza. Sumarse a una consigna para obligar a resultados que nos conduzcan a la verdad. Porque este caso no debería ser solo una noticia más: debe ser el punto en el que se demuestre (con hechos, no con discursos) que la justicia puede ser transparente y sostenerse sin convertirse en moneda política, y que México puede responder con fortaleza institucional cuando más lo necesita.
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