Hablar de política y la cultura purépecha no es referirse a una sola cosa. Es, al mismo tiempo, mirar un sistema de gobierno prehispánico que llegó a consolidar un poder regional con centro en la cuenca del Lago de Pátzcuaro, y entender cómo, en el México actual, el marco constitucional reconoce la libre determinación y las autoridades propias de los pueblos y comunidades indígenas, incluida la nación p’urhépecha.
En esa doble lectura aparecen conceptos clave: el irecha o cazonci como figura central del antiguo señorío; el petámuti con funciones asociadas a la justicia y el orden ritual; y, hoy, la vigencia de sistemas normativos internos que sostienen formas de organización comunitaria.
El centro del poder: Tzintzuntzan y la figura del irecha o cazonci
Una forma directa de ubicar la política purépecha prehispánica es mirar su capital: Tzintzuntzan. Material del INAH describe a esta ciudad como sede desde la que se tomaban decisiones políticas, económicas y religiosas sobre un territorio amplio, además de identificarla como residencia del irecha o cazonci (gobernante).

Ese poder no era solamente administrativo: la organización se entendía vinculada a un orden ritual y a una estructura jerárquica impuesta por los dioses purépechas. En estudios del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, el cazonci aparece como el “señor” que transmite el poder de forma hereditaria (con criterios de mérito, según la interpretación del texto), dentro de una lógica donde lo político y lo religioso se entrelazan.
En términos simples, el gobierno se sostenía en tres pilares:
- Autoridad central (cazonci/irecha) como cabeza del orden.
- Estructura de cargos y oficiales para administrar territorio, tributo y guerra.
- Ritual y norma como mecanismo de cohesión y control social.
¿Cómo se gobernaba “hacia afuera”?
La política purépecha no fue un esquema improvisado. La UNAM documenta cómo la organización social se explicaba como proyección del orden del cosmos, y menciona, por ejemplo, referencias a señores de frontera dentro de esa arquitectura del poder.

En Tzintzuntzan, el INAH también subraya la presencia de espacios y estructuras asociados tanto a lo ceremonial como a funciones administrativas, lo que ayuda a entender por qué la política purépecha se ejercía desde centros que no separaban gobierno y religión como lo haría un Estado moderno.
La Justicia purépecha
Uno de los puntos más citados cuando se explica la organización política purépecha es la forma en que se entendía la justicia. En un apartado de la Biblioteca Jurídica Virtual del IIJ-UNAM se describe que la justicia se aplicaba por vía directa del cazonci, y que el petámuti fungía “como una especie de juez mayor”, escuchando y juzgando; además, el castigo variaba según el estatus social y podía llegar hasta la pena de muerte.
Esto es relevante para el presente porque muestra una continuidad conceptual: la idea de que el orden interno se regula con autoridades y normas propias, aunque hoy el marco jurídico y los derechos humanos establecen límites y garantías que no existían en el mundo prehispánico.
La Relación de Michoacán: una ventana para entender su política
Para reconstruir cómo se describía la gobernación purépecha en el siglo XVI, una fuente clave es la Relación de Michoacán, disponible en ediciones académicas de la UNAM. Ahí se explica que una parte del texto inicia precisamente con la descripción de la organización política bajo el reinado de los últimos señores antes de la llegada española.

Esta obra es importante por dos razones:
- Da lenguaje y estructura a cargos, jerarquías y prácticas.
- Permite contrastar la mirada colonial con interpretaciones contemporáneas (arqueológicas, históricas y jurídicas) que hoy elaboran instituciones oficiales como el INAH y la UNAM.
Política purépecha hoy
En el México actual, la conversación sobre política purépecha no puede separarse del Artículo 2 constitucional, que reconoce a los pueblos y comunidades indígenas y su derecho a la libre determinación “en un marco constitucional de autonomía”, incluyendo el reconocimiento de autoridades propias de acuerdo con sus sistemas normativos.
En la práctica, eso se traduce en debates y procesos sobre:
- Formas internas de organización (asambleas, cargos comunitarios, concejos).
- Resolución de conflictos internos mediante normas comunitarias (sujetas al marco constitucional).
- Representación política y acceso a recursos públicos bajo esquemas compatibles con la ley.
La política purépecha se entiende mejor como un hilo de larga duración: un sistema prehispánico con autoridad central, justicia y administración territorial —documentado por instituciones como el INAH y la UNAM— y, al mismo tiempo, una realidad contemporánea respaldada por el Artículo 2 constitucional y por criterios jurisdiccionales que han marcado el debate sobre autonomía y sistemas normativos.
El verdadero reto de está en dar un reconocimiento a esta riqueza política en acuerdos claros, instituciones funcionales y garantías efectivas para las comunidades, sin perder de vista que la libre determinación se fortalece cuando va acompañada de transparencia, participación comunitaria y respeto pleno al marco de derechos.
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