Hay playas que se explican con el mapa y hay otras que, además, se cuentan. Las Gatas pertenece a la segunda categoría. Su fama no nace solo del agua clara o del snorkel; nace de una franja de rocas colocadas frente a la orilla (un rompeolas) que “plancha” el Pacífico y crea una especie de alberca natural. Ese detalle, terminó por amarrar una historia que conecta turismo, memoria y una tradición que remite al mundo de la cultura purépecha.
Un “muro” de piedra que calma el mar
En la narrativa se repite una idea sencilla: Las Gatas se siente distinta porque está “protegida”. La hilera de piedras frente a la playa funciona como rompeolas y reduce la fuerza del oleaje, lo que facilita nadar y explorar con visor a pocos metros de la arena. En guías de viaje se describe como un sitio especialmente adecuado para snorkel por sus aguas relativamente tranquilas y transparentes, y porque el propio rompeolas define un espacio más seguro para permanecer en el agua.
¿Por qué “Las Gatas”? El nombre que vino del mar
En versiones ampliamente difundidas, “Las Gatas” alude a los tiburones gata (también llamados nodriza en algunos contextos divulgativos), descritos como inofensivos y antes frecuentes en la zona. La explicación se repite en notas y materiales turísticos: el sitio quedó asociado a esos animales, y el apodo terminó por fijarse como nombre.
Que el nombre se relacione con ese tiburón es una versión popular y consistente entre varias fuentes de divulgación y además, explica cómo, en la costa, la naturaleza suele convertirse en parte de la sociedad.
La leyenda de Caltzontzin y la playa “de descanso”
La parte que da identidad al sitio es la leyenda: se cuenta que el gobernante purépecha Caltzontzin eligió esta bahía como lugar de descanso y ordenó construir un rompeolas para protegerse del oleaje y del paso de tiburones, convirtiendo la playa en un espacio más resguardado.
En el corredor turístico conocido como “Capricho del Rey” se han colocado referencias públicas al personaje, incluida una escultura; notas de periódicos también hablan sobre sobre la tradición del rompeolas y su vínculo con el “rey tarasco”.
El vínculo purépecha: más allá del cuento
Las playas de guerrero fueron una de las rutas de contacto, interés y expansión de los purépechas hacia la costa del Pacífico, que hacia mediados del siglo XV, habría alcanzado la región de Zacatula, en la franja costera del Pacífico.

Se dice que esta expansión se debía a motivos como la sal, que impulsó movimientos y contactos hacia regiones como Zacatula. En está época, el imperio purépecha ya había enfrentado un revés durante las guerras del salitre. Asimismo, se dice que el corredor del río Balsas fue una puerta natural entre el interior y la costa la Costa Grande de Guerrero.
Un lugar para conocer
Las Gatas se entiende mejor cuando se mira en vivo por un lado, el mar domado por una franja de piedra; por otro, una tradición que enlaza la costa con el mundo purépecha.
La playa ofrece lo visible (el rompeolas y el agua en calma) y lo narrado (la historia del rey); sin duda, es una experiencia donde se vive el vínculo entre el hombre, el pasado y la naturaleza.
revista resumen Somos un medio de comunicación con más de 25 años de experiencia. Enfocado en información política, cultural y social de Michoacán
Comentarios