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La conspiración de Valladolid

El 21 de diciembre de 1809, Valladolid —hoy Morelia— quedó marcada por un episodio que suele leerse como el “ensayo” político de la Independencia: la Conspiración de Valladolid. En un virreinato donde la crisis en España ya había abierto grietas de legitimidad, un grupo de militares, clérigos y civiles imaginó una salida: organizar una junta que reordenara el poder desde el territorio. La trama fue descubierta a tiempo, hubo detenciones y prisión incomunicada, pero el mensaje sobrevivió: en Michoacán, la discusión sobre soberanía y gobierno empezó antes del estallido armado.

El mundo se fractura y Valladolid reacciona

La Conspiración de Valladolid se gestó en una coyuntura crítica: en 1808, España fue invadida por los ejércitos de Napoleón y las abdicaciones en Bayona abrieron paso al reinado de José I, lo que desató un vacío de legitimidad en el mundo hispánico. En la Nueva España, esa crisis detonó discusiones sobre soberanía, representación y gobierno: ¿quién debía mandar si el rey estaba cautivo y la metrópoli era inestable?

En ese ambiente, Valladolid (hoy Morelia) aparece como un punto temprano de organización política. Incluso desde una mirada museográfica del INAH, el levantamiento se planeó para el 21 de diciembre de 1809, lo que confirma que no era rumor suelto, sino calendario. 

Los nombres detrás del primer pulso

Entre los nombres centrales destacan el capitán José María García Obeso y el alférez Mariano Michelena, además de Nicolás Michelena y el subdelegado de Pátzcuaro José María Abarca, señalados en la denuncia formal que detonó el operativo.

En la periferia inmediata aparecen figuras que ayudan a entender el entramado: el asesor José Alonso Terán (quien instruyó la causa) y, en el momento más tenso, el licenciado José Soto Saldaña, que intentó reunir gente para frenar las aprehensiones en las inmediaciones del Carmen. 

La Conspiración de Valladolid suele leerse como un ensayo político previo a 1810: no sólo por la fecha, sino por su lógica. El plan apuntaba a reorganizar el poder local mediante una junta o congreso, en un escenario donde la lealtad a Fernando VII convivía con la idea de autogobierno.

Un dato revelador es que, tras la aprehensión del fraile Vicente de Santa María, los conjurados se reunieron el 21 de diciembre en la casa de García Obeso para planear su liberación y, si era necesario, movilizar población de barrios y pueblos cercanos. Ese trazo —político y operativo— explica por qué Michoacán suele ser llamado cuna ideológica de la Independencia: aquí se discutía el diseño del poder antes de que la guerra lo impusiera.

El delator que provocó el fin de la conspiración

El quiebre llegó por la vía de la denuncia. El expediente refiere que el 21 de diciembre se presentó una acusación hecha por “un eclesiástico de carácter y respeto” que pidió ocultar su nombre, y que aportó información suficiente para proceder. En paralelo, otras referencias indican que ese mismo día un religioso alertó sobre una sublevación “esa noche”, lo que aceleró las detenciones.

En términos prácticos, el gobierno local actuó con rapidez: se asumió que el movimiento estaba “muy próximo” y se ordenó desarticularlo con arrestos inmediatos.

Los reos de estado

Tras el descubrimiento, la orden fue tajante: trasladar a García Obeso y a Mariano Michelena al Convento del Carmen, “con la debida separación y sin comunicación”, bajo la figura de “reos de Estado”. Esa medida resume el tono del momento: no se trataba de un pleito local, sino de un caso leído como amenaza directa a la soberanía.

Con el paso de los meses, la causa se “cortó” y el desenlace fue dispar: García Obeso terminó destinado a San Luis y Mariano Michelena a Jalapa, mientras que otros implicados quedaron en libertad. El propio expediente recuerda que el fraile Santa María sí participó después en la insurgencia y murió en 1813.

En el Michoacán contemporáneo, esta historia sigue conectando territorio e identidad: de Morelia a Uruapan, la memoria pública se alimenta también de estos episodios —los que explican por qué la Independencia tuvo raíces ideológicas antes de volverse campo de batalla—, un enfoque que suele interesar a audiencias de noticias Uruapan y lectores de historia regional.

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