EDITORIAL

Pese a lo que se diga, las políticas implementadas por el gobierno federal mexicano no distan mucho de aquellas que comienzan a aplicar las potencias mundiales. En los últimos años, Rusia, China y Estados Unidos han transformado su economía interna y externa para facilitar un consumo interno respaldado por un fuerte nacionalismo.

El consumo interno planeado por el gobierno mexicano (como el que busca aplicar el gobierno federal) no es la única característica que parece ser similar a la que aplican estas naciones. La centralización del poder parece ser otra semejanza de México con las tendencias geopolíticas que han adoptado los grandes países de oriente y occidente.

Mientras que Rusia y China parecen llevar al extremo la centralización del poder (acotando y neutralizando a la oposición autoritariamente), Estados Unidos parece optar por un método más sutil, donde las órdenes ejecutivas se han convertido en la única opción para utilizar el poder del estado rígidamente.

Por ahora, no se puede hablar de un autoritarismo federal (como norteamericano) ni de un acotamiento dictatorial (como el ruso o chino) en México, sin embargo, los papeles están sobre la mesa y las alarmas se encienden, sobre todo cuando la estructura partidista del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) ha menospreciado públicamente el rol que los ayuntamientos desempeñan en la distribución del poder en el país.

Por ahora solo queda esperar que la administración federal sea capaz de lograr ese difícil equilibrio entre poder, democracia y libertades.

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