Domingo , 18 noviembre 2018

Editorial

 

 

Durante los últimos años, la producción de aguacate ha estado rodeada de polémica. La principal causa, es la fiebre del “oro verde”, que ha tenido un costo ambiental gigantesco en la región uruapense y en varias partes de la meseta michoacana.

 

Incluso, en algunas regiones, la producción apresurada de la fruta ha provocado un deterioro ecológico y problemas de salubridad tan grandes, que varios noticieros a nivel internacional, estatal y local,  han abordado el tema de manera constante. Es verdad que el aspecto ecológico es fundamental en este tema, sin embargo hoy en día, otro asunto aqueja al aguacate; el laboral.

 

No es un secreto que desde hace varios años, el descontento de los productores y cortadores de aguacate incrementó de manera extraordinaria. Tampoco es un secreto que este disgusto fue olímpicamente ignorado por las autoridades.  Por supuesto, tampoco debemos olvidar las quejas: precios inflados de los intermediarios (empaques), los bajos salarios de los cortadores.

 

Bajo este escenario, no debemos sorprendernos de que los cortadores y productores de aguacate, sean autores de los constantes bloqueos que sufre uno de los accesos más transitados a la ciudad de Uruapan.

 

Claro, debemos reconocer que gran parte del crecimiento económico de Michoacán, se ha dado con base a la producción y exportación de aguacate. Es decir, gracias al oro verde, se podido concretar la generación de empleos, el crecimiento urbano y en general,  el desarrollo del estado de Michoacán.

 

Sin embargo, tampoco podemos ocultar el enriquecimiento desmedido de los empaques, la falta de responsabilidad social y la negligencia ambiental que permea por todo el aire de la industria aguacatera.

 

 

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