Miércoles , 12 diciembre 2018

Editorial

El arranque del gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) será difícil. En medio de un escenario migratorio complicado y una evidente incertidumbre internacional, la próxima administración federal, deberá recobrar la confianza de una población sumida en la violencia y la desigualdad económica.

Ante un escenario tan complejo, el cuidado y la mesura deberían ser el estandarte de cualquier administración sensata.  Sin embargo, la imprudencia ha sido una constante,  se ha presentado tanto, que ha rayado hacía el autoritarismo.

El primer proyecto de dudosa organización, fue la consulta que canceló la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México  (NIACM). La segunda acción, fue la protagonizada por el Senador Félix Salgado Macedonio, quien amagó con desaparecer poderes en los estados que “no se ajusten”.

La tercera, es la militarización del país (contraria a sus propuestas de campaña) a través de la creación de una “Guardia Nacional”. La cuarta, la modificación de la ley solo para concretar la imposición de un simpatizante (Paco Ignacio Taibo), como titular del Fondo de Cultura Económica.

Curiosamente, tan solo unos días después de estas acciones, la aprobación del nuevo presidente de la República, disminuyó nueve puntos. Indiscutiblemente, esto significa que las acciones del próximo gobierno están cobrando factura y golpean la popularidad de AMLO.

Esta alarma debe servir para que el nuevo gobierno replantee su forma de actuar. De lo contrario, la gran mayoría de votantes que tuvieron durante las elecciones, comenzará a temblarse hasta caer.

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